Las criptomonedas son un activo real, porque como bien me explicó un técnico, adquieren valor por su misma apreciación en el mercado, a diferencia del activo financiero que genera intereses por su tenencia. La diferencia con otros activos reales, como el oro o el dólar, es que no están reguladas más que por la misma oferta y demanda.

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Y como los criptoactivos no están regulados, nadie sabe hacia dónde puede explotar. Prueba de ello es su alta volatilidad: pasó de valer 8.000 USD a 60.000 USD en 12 meses, y luego tras un tweet, bajó a 30.000 USD. Ahora, quienes invertimos, estamos rezando a todos los dioses para que vuelva a subir. Una locura, pero como no terminé mi máster en finanzas hoy voy a hablar del impacto ambiental de las criptomonedas.

Boom cripto: contaminación desmedida y el desafío de una moneda sustentable

El tema es que para “producir” (minar) un bitcoin o cualquier otra criptomoneda, se necesita muchísima energía. Las minas -donde se producen estas monedas- son súper computadoras que emiten en microsegundos distintas configuraciones numéricas encriptadas. Es como un ciber infinito. Y, para que se den una idea de la magnitud, las minas de criptomonedas tienen la misma huella de carbono que Argentina completa. Es decir, estos “súper sistemas de computadoras” emiten tantos gases de efecto invernadero como todo mi país, porque necesitan energía firme y segura.

Reforzando lo que es la "Huella de Carbono", les recuerdo que todos tenemos una. Es la sumatoria de emisiones de gases de efecto invernadero que tenemos en nuestra actividad diaria: desde contabilizar el consumo de nuestras casas, hasta calcular si la remera que tenemos puesta “made in China” tiene un origen en las ovejitas de argentina, que dejaron su lana, luego fueron llevadas a China y volvieron en barcos super contaminantes a nuestra tienda favorita de ropa. Todo esto, emitiendo dióxido de carbono en la atmósfera durante toda su cadena de valor. Dato clave: hay páginas públicas que te calculan tu huella y recomiendan cómo reducirla.

Volviendo a las cripto, lo interesante del tema es que durante el primer semestre de 2021 hubo una gran batalla vía Twitter entre Elon Musk y los bitcoin. Elon Musk es el co-fundador de TESLA, una empresa que produce autos eléctricos y autopartes, con una visión de descarbonizar la matriz energética global desde el transporte con autos amigables con el medio ambiente. Elon Musk se resistió a aceptar bitcoin como parte de pago para autos TESLA, debido a la alta emisión de gases de efecto invernadero. Y, como este mercado no es regulado, y por ende es sensible a estas difamaciones mediáticas, el valor del bitcoin cayó a menos de la mitad de su valor. 

Siendo el objeto de TESLA contribuir con la descarbonización, era evidente suponer que se iría a oponer a las monedas digitales a excepción de que fueran producidas con el suministro de las energías renovables, siendo así, menos contaminantes. Por eso, ahora están de moda los bitcoins verdes, que aparentemente resolverían este conflicto.

Tratemos de entenderlo: si miramos las proyecciones de demanda energética en 2050, el consumo de energía va a casi cuadruplicarse respecto del actual. En principio, la tendencia es la industrialización y automatización -lo cual es innegable-. También lo son los autos eléctricos, las monedas digitales y el big data: van a generar un gran aumento de la demanda. Es decir, los autos eléctricos no emiten CO2 dado que no utilizan combustibles fósiles, pero consumen muchísima energía eléctrica, que va a tener que ser alimentada con generación. La misma se debería poder comprar con una moneda electrónica, que es producida con mucha energía.

Recapitulando, dije que vamos en 2050 a cuadruplicar la generación de energía, ¿y eso no contamina? Bueno, acá aparecen las famosas reinas de mi vida: las energías renovables. Son las que se generan electrones a partir de recursos inagotables de la naturaleza. Es decir, no son gas, petróleo o carbón (que además de ser limitadas, son contaminantes porque emiten CO2).

Entonces el grupo de energías renovables se extiende a:

- Hidroeléctrica: que aprovecha saltos o caudales de agua;

- Eólica: convierte la energía del viento en eléctrica;

- Solar: aprovecha el calor o la irradiación del sol para calentar agua o excitar moléculas;

- Bioenergías: que descomponen sólidos o gases de otras actividades para producir energía.

- Nuclear: aunque a muchos no les gusta (más adelante explico por qué) son renovables dado que realizan una fisión de átomos de uranio sin emitir gases contaminantes.

Existen otras, como la energía mareomotriz (mareas), undimotriz (olas), geotérmica (diferencia de temperatura subterránea) y otras en fase experimental. En general, se le dice energías renovables no convencionales a la eólica y a la solar, ya que son abundantes pero variables. Es decir, cuando hay recursos generan, y cuando es de noche o no hay viento, no lo hacen. La energía no se crea ni se destruye, solo se trasforma. Por lo que la energía eléctrica es una transformación principalmente de calor y movimiento. Y eso es lo que se necesita para hacer funcionar casi cualquier cosa que tengamos a nuestro alrededor.

Entonces, necesitamos fuentes de generación de energía renovable: con cualquiera de estas fuentes, que alimente los sistemas eléctricos de los destinos países o bien que se conecten a las minas de criptomonedas para poder comprar autos eléctricos. De esta forma, seríamos como Alicia en el mundo de las maravillas del cuidado ambiental. Sin embargo, queda mucho por hacer. 

Los consumidores estamos demandando que las criptomonedas reduzcan su huella de carbono (podrán o no tener un costo “plus” por ello). Incluso China manifestó su preocupación medioambiental, intentando controlar la actividad de emisiones y circulación en el país. Y la tendencia es que todo el mercado, en las distintas industrias, prefiera aquellos productos y servicios que tienen nulo o bajo impacto en el medio ambiente.

Yendo al final de la película, hace algunas semanas salió publicado en la prensa que grandes minas de cripto analizan el abastecimiento de sus plantas con energía nuclear. Los países están preocupados por las centrales nucleares, pero no por su contaminación sino por el potencial riesgo que cualquier desastre natural podría ocasionar. La fisión nuclear tiene una altísima radiación, que desde ya debe ser controlada. En el caso de Chernobyl (hay una miniserie/documental al respecto, que la recomiendo muchísimo) fue un problema técnico/humano; Fukushima se debió a un tsunami, y ambos casos desataron desastres que ocasionaron la desaparición de ciudades enteras. Pero con el avance de la ciencia y tecnología y las medidas de mitigación necesarias, las energías nucleares serían capaces de abastecer a las monedas digitales de energía constante y limpia.

¿Estaríamos dispuestos, como sociedad, a pagar un precio diferencial por un producto que reduce su huella de carbono? En poco tiempo, la adaptación económica a los fenómenos ambientales será obligatoria, y hay que estar muy atentos a estos cambios como consumidores. Ampliaremos.