Desde la revolución industrial, el consumo de energía se incrementó significativamente. La industrialización trajo múltiples y evidentes beneficios para el mejoramiento de vida de la sociedad, pero aceleró los niveles de emisiones de gases -el famoso "efecto invernadero"-. Seguramente muchos afirmen que estoy errada: hay una fuerte tendencia en creer que el calentamiento global es un fenómeno cíclico y natural. Y lo es, a raíz de los cientos de miles de años que tiene la Tierra. Sin embargo, resulta innegable que los niveles de industrialización, el uso del combustible fósil, la deforestación masiva y los grandes conglomerados funcionen como agentes causales de un acelerado -y preocupante- deterioro del ambiente. 

Recibí nuestros artículos en tu email

Por ese motivo, se firmó en 2015 el Acuerdo de Paris. No fue otra cosa que un congreso organizado por la ONU para 200 países que asumieron compromisos para reducir sus niveles de contaminación y evitar así el aumento la temperatura media del planeta. Caso contrario, se desatarían desastres como el aumento de la masa oceánica sobre la continental, producto de los incesantes deshielos. Hubo grandes conflictos en torno a este protocolo, principalmente porque China y Estados Unidos producen más del 30% de la contaminación global de forma conjunta. A pesar de eso, se encolumnaron con la medida. 

Dióxido de carbono, el gran enemigo

El CO2 es uno de los principales gases que genera el efecto invernadero y si analizamos cuáles son los sectores que lo causan, tendremos una distribución interesante. Primero, la energía en todos sus usos. Sin dudas, la mas utilizada es la eléctrica para esferas como, por ejemplo, la industria, los hogares y el transporte. Suma al menos un 70% de las emisiones. El 30% restante llega por parte de la deforestación, la actividad agrícola y la generación de residuos. Estos porcentajes varían de acuerdo a cada país, a su grado de industrialización y a la actividad que se desarrolle en sus grandes urbes.

Todo muy lindo pero, ¿qué podemos hacer al respecto?

Primero y principal, tenemos que trabajar desde nuestros hábitos con las famosas 3R: reducir, reciclar y reutilizar. En otras palabras, debemos reducir la cantidad de basura que tiramos, tal como ocurrió años atrás con la sustitución de las bolsas de plásticos de los supermercados por las de papel. Imagínense qué sucedería si llevásemos ese concepto a todo lo que estamos acostumbrado a utilizar.

Otro punto nodal en este proceso es el reciclaje. La ley 25916, promulgada en 2004, indica que en todos los emplazamientos tiene que haber un sector para depositar los residuos reciclables (siempre que estén limpios y secos) y evitar así que mezclen con los no reciclables. No importa si vivís en casa o en edificio, si estás en capital federal o en General Villegas, vivas donde vivas tiene que estar, y bien señalizado.

Paso 1: reciclar

Frente a esto surge el interrogante de qué es reciclable y qué no. Lo reciclable es todo aquello que se puede volver a utilizar, es decir que no se descompone. Lo clave es que esté limpio y seco, lo cual implica una voluntad extra en vaciar, limpiar, secar y separar los deshechos. Todo lo que sea cartón, madera, plástico, latas, vidrio y papel entra en la categoría de "reciclable". Es preciso hacer una salvedad con las pilas ya que no ingresan en este grupo, de modo que es necesario separarlas. Se asombrarían si empezaran a separar los residuos en sus casas. En mi caso, por cada cinco bolsas de basura que genero, solo una de ellas es no reciclable (contiene desechos orgánicos de comida). Eso, en un lapso de sólo dos días.

Paso 2: organización de los residuos

¿Qué hacemos cuando tenemos todo seco y limpio? Esto depende de cada municipio o localidad, pero seguro existe una instancia de tratamiento específico para ello. Recuerden que cada botella de gaseosa tarda entre 100 y 300 años en biodegradarse. Imagínense el cambio que podríamos causar con un solo acto. Sobre los residuos orgánicos -los restos de comida-, podemos tomar acción a través del compostaje. Esto implica tener conciencia de lo que estamos tirando y los minerales presentes en estos residuos. A la vez, debemos conocer los volúmenes que hacen útil el procedimiento y dejar que los desechos se biodegraden en cubículos o recipientes para obtener tierra mineralizada. 

Paso 3: eficiencia energética

Seguramente, te cansaste de escuchar esto sin saber de qué iba, pero solo se trata de ser inteligente para usar la energía. ¿Cómo? Si estás con el aire acondicionado prendido, ponelo en 24 grados. No es necesario morirte de frio: si tienes la calefacción prendida, no abras las ventanas. Otras claves: fijarte que la heladera esté bien cerrada o si tienes que descongelar algo, lo hagas en la heladera y no en el microondas (aunque te lleve más tiempo). También, podés comprar electrodomésticos con la etiqueta de "eficiente", desenchufar todos los equipos que no estés usando y reemplazar la luminaria de tu casa y oficina por una de bajo consumo. En conclusión, estar más atentos ante el uso y gestión de la electricidad en tu hogar.

Estos mismos conceptos se llevan a ideas mucho más complejas como ciudades inteligentes o “Smart grids”, donde todo está automatizado. Mientras estás durmiendo, se prenden todos los electrodomésticos de tu casa, se carga el auto eléctrico en el garaje y se prende el lavarropas para controlar la curva de consumo respecto del día y de la noche. Como si eso no fuera suficiente, los semáforos detectan cuando hay autos y se prenden o apagan según la demanda. Pero no es necesario llegar tan lejos, simplemente con apagar la luz cuando está prendida sin ser usada ya es un montón. Y como siempre digo: la energía más barata y limpia es la que no se consume.

Esto se resignifica al notar que la tarifa eléctrica residencial en Argentina es una de las más baratas del mundo por la fuerte política de subsidios. Sin entrar en la discusión de si está bien o mal la política energética de nuestro país, lo importante es entender que es necesario cuidarla a pesar de ser económica. Encima, tenemos una opción adicional: la posibilidad de hacer generación distribuida. En otras palabras, producir energía en nuestra casa y consumir desde nuestra propia fuente. Incluso se puede vender energía a la red.

Paso 4: apoyar a las empresas que son “carbono neutrales”

Son todas aquellas compañías que no emiten emisiones de dióxido de carbono o, mejor dicho, que absorben el CO2 (molécula de dos átomos de oxígeno y uno de carbono) en las mismas proporciones que los generan. Al promover la compra, o al menos la conciencia de la misma, estamos ayudando a nuestro ambiente.

Paso 5: el transporte

Imagínense un auto en época pre-pandémica un lunes por la mañana. Hay una sola persona arriba de él en una avenida colapsada: la producción de CO2 es tan masiva como innecesaria. En cambio, si todos usáramos el servicio de transporte público podríamos reducir exponencialmente las emisiones de gas. Lo mismo ocurriría si usáramos la bicicleta o camináramos. Ayudaríamos mucho y no solo en la contaminación ambiental, sino también en el la acústica.

Dentro de esto, una tendencia muy fuerte es la electro movilidad. Seguramente escucharon hablar de TESLA, una empresa norteamericana que produce autos eléctricos y que aumentó cerca de un 300% sus acciones los últimos años. Genial, se vienen los autos eléctricos. Pero no olvidemos que, aunque sustituyan la combustión interna de los autos convencionales, van a requerir energía eléctrica por parte de fuentes renovables. 

Y, en esto, Argentina cuenta con una ventaja: una fuente casi inagotable de recursos naturales (viento, radiación, hidroelectricidad y bioenergías). Encima, tenemos petróleo, gas y geotérmica. No contentos con esto, también disponemos de litio en el norte de nuestro país con el que podríamos hacer baterías. Una mina de oro mundial en la sustentabilidad. Teniendo en cuenta todo esto, solo nos falta estar más empapados en materia de ambiente, reciclaje y eficiencia energética.