Seguramente haya cuestiones que los hinchas no puedan ver, ya que su misión principal es alentar al equipo en las buenas y en las malas, pero para aquellos que tienen la cabeza un poco más fría y que pretenden analizar el contexto, el fútbol nacional se ha sumergido en una profundidad de la que pareciera no querer salir.

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Durante la semana, las previas se hacen eternas y mortíferas con polémicas, escándalos, fallos arbitrales que sentencian partidos importantes, designios a dedo, despidos, problemas en los planteles, violencia, etc. Todos componentes salientes de nuestro fútbol, que se introducen en una misma bolsa cargada de atributos negativos. Pareciera que todo está atado por un hilo que día a día se deshilacha, y hasta que no se rompa definitivamente, no van a arreglarlo. Ese es el primer problema de nuestro queridísimo deporte: no poder aceptar la realidad en la que estamos y no hacer nada para intentar mejorarlo.

Mientras que la mayoría de las ligas comienzan a recuperarse del Covid-19, Argentina sigue encerrada en su propia burbuja. Para 2022 habrá 28 equipos en Primera División, con una segunda categoría de casi 40 participantes y tan solo dos ascensos. Esto, para recién bajar dos equipos en 2023 y luego cuatro, hasta llegar a 22 en 2026. ¿Cómo se crea una liga competitiva con tantos equipos? Nuevamente, el nivel se empareja para abajo, sumado a que los equipos poderosos priorizan los torneos internacionales y es probable que jueguen en la liga con suplentes o alternancias. La diferencia la podrán hacer aquellos equipos mejor armados, con tiempo de trabajo, aunque eso no bastará para competir internacionalmente. No será lo mismo vencer a diez equipos de nivel medio, que ganarles a tres o cuatro rivales de mayor envergadura. Para colmo, el poderío económico y futbolístico brasileño en el continente nos pone en segundo lugar y un poco lejos en el anhelo de alzar alguna copa continental.

La desesperación por ganar y la necesidad de resultados, sumado a la falta de tiempo, hace que pensemos cada vez menos en el “cómo” y más en el “cuánto”. A la mayoría de los equipos no les interesa las formas, sino obtener la cantidad de puntos propuestos al comienzo de la temporada, ya sea para salvarse del descenso o para clasificar a alguna copa. El escaso nivel produce falencias en el juego, poca táctica, estrategia e inteligencia y partidos aburridos, trabados y mezquinos. ¿Cuántos proyectos reales hay en el fútbol argentino? Realmente muy pocos, y eso es lo que se plasma fecha a fecha en el verde césped. Ante la negativa de resultados y las urgencias e intereses, los DT son las primeras víctimas de nuestro fútbol (récord este campeonato con más de quince despidos, salidas y renuncias). No hay tiempo para acomodarse, proyectar, crecer y formar. Hay tiempo, limitado, para obtener puntos, como sea. Entonces, ¿Cómo se puede acomodar un equipo que cambia una o dos veces de técnico por temporada? Es muy difícil mejorar el juego y el nivel si las ideas y los tiempos no se pueden expresar en los equipos.

Sumado a esto, la falta de “joyas” en las inferiores, los retiros de “cracks” y el bajo poder económico hacen que nuestro fútbol se nutra con lo que puede y no con lo que quiere. ¿Hace cuánto no salen de la cantera jugadores como Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, Sergio Agüero o Lautaro Martínez, entre otros? La devaluación de la moneda y el poco atractivo de nuestro fútbol son algunas de las razones. Así, es muy complicado elevar el nivel y poner a la liga argentina entre las más competitivas y atrayentes. Y sino, piensen porque un chico de inferiores juega diez partidos en primera y es vendido al exterior por cifras irrisorias. No porque no lo valga, sino porque ya no tiene sentido. El deporte se ha convertido en la salvación, en el despegue económico, no en el sueño de defender los colores que aman durante el máximo tiempo posible.

Otro prejuicio de nuestro fútbol es el arbitraje. Con bastos ejemplos podemos decir que la incidencia que tienen los "jueces" es mayor a la que deberían tener. Son elegidos a dedo, cobran sin criterio y definen series donde hay mucho en juego. Ceballos en Boca-Rosario Central, Merlos en Lanús-Arsenal, Lamolina en Quilmes-Ferro, para citar algunos. Pierden credibilidad y autoridad fecha a fecha y aunque ellos sean apartados, los daños provocados no son reparados. Sin apoyo de la tecnología ni de sus colegas, los árbitros deciden a piacere, sin medir las consecuencias. Entonces, además de todo lo ya nombrado, se suma la falta de fiabilidad como aspecto saliente. Y para cerrar este tema, por si algunos no me creen, podrán revisar la campaña de Barracas Central en la Primera Nacional. ¿Llegó a la definición del torneo por mérito propio? Tal vez sí, pero es ineludible que la ayuda arbitral y la falta de televisación ayudaron a que tenga la posibilidad de ascender a primera. Es el equipo del presidente, nada sorprende.

¿Cómo justificamos un 38 a 38 en una votación de 75 dirigentes? ¿Cómo defendemos la violencia ejercida por Hugo Moyano para que no haya opositores en las elecciones de Independiente? Todo lo extra futbolístico también impacta de manera directa sobre el juego. Un germen que se introdujo de a poco y que ya contamina desde el mínimo detalle hasta lo más importante. Las medidas y decisiones tomadas no hacen más que agrandar el circo que es hoy en día el fútbol argentino. No se dictan reglas y normas ejemplares, sino que éstas causan sospechas, broncas y pérdidas de interés. Con tanta corrupción, desorganización, desgano, falta de recursos es un milagro que la selección argentina haya salido campeona de América después de 28 años. En este contexto, realmente es un asombro la epopeya argenta en suelo brasileño.

Y por último, pero no menos importante, el periodismo deportivo cae en picada como ave de presa. No solo no ayuda, sino que atrasa. Varios canales, cientos de periodistas aplican el mismo concepto: entretener. La información ya queda en un segundo plano, solo para los cierres de bloques o para aperturas que conduzcan y desaten la discusión. Lo que hace tiempo vende en la tele es el “tribuneo”, el invento, la magnificación. ¿Cómo vamos a salir adelante si las emisoras tienen como prioridad poner a diez tipos (o más) gritando y opinando en vez de construir, analizar y argumentar? Por supuesto que hay excepciones, pero son las menos. No llaman la atención, no generan rating, no “garpan”.

Entonces, todos los focos conducen al mismo lado, un pozo sin fondo. Por más que cambie el actor, la esencia es la misma. Pero la culpa no es solo del productor y del programa. Es también de la gente que lo consume y que se deja atrapar por la mediocridad que la tele ofrece. ¿Cómo vamos a salir adelante si estamos hipnotizados en lo que vemos y no tenemos el poder y la claridad para intentar cambiar las cosas? El fútbol argentino está sumergido en un océano profundo. Son pocos los pilares que lo sostienen. Quieren resultados, pero no bancan procesos. La impaciencia y el egocentrismo nos lleva a dónde estamos. Y no digo que no lo merezcamos, pero no todos opinamos de la misma manera. Si tienen un deseo disponible para este 2022, guárdenlo, el fútbol nos necesita.