A fines de 2019, cuando el Covid se propagaba silenciosamente por el mundo, jamás se pensó llegar a la situación con la que hoy en día se vive. Provocó mucho más que contagios. Provocó muertes, secuelas biológicas, medidas extraordinarias, decisiones difíciles, aislamiento, dificultades económicas, desempleo y hasta problemas psicológicos. En tan poco tiempo, se llevó demasiado. Hizo tambalear al planeta entero por su desconocimiento, por su carácter salvaje e incontrolable y por el miedo de poder arremeter contra todo y todos. Sin embargo, el fútbol parece ser una de las pocas actividades, "cosas", "necesidades" inquebrantables que le hace frente a pesar de todos los problemas que le ocasiona.

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En una primera instancia (o primera ola) no se pudo oponer ante las autoridades y se vio forzado a parar, pero sólo para rápidamente volver. Europa fue pionera en la toma de medidas preventivas para que sus jugadores vuelvan al menos a entrenar tras dos meses de inactividad. Comenzó en Alemania y rápidamente se reprodujo en las grandes ligas europeas y en el resto del continente. En poco tiempo, y en todos lados, la pelota volvía a rodar a pesar de las recomendaciones sanitarias, los datos negativos, la sociedad cautelosa, las discusiones flamantes y el tan vigente desacuerdo sobre qué hacer y qué no en tiempos de pandemia.

A la misma velocidad y con la misma facilidad con la que el Covid paseaba y se insertaba en todo el mundo, el fútbol imitaba dicha acción para reactivar la actividad profesional, ¡Hasta que regresó! A mediados de mayo de hace exactamente un año, Borussia Dortmund y Schalke 04 protagonizaron un atractivo encuentro reanudando así la Bundesliga alemana. Pioneros en recomenzar, era cuestión de tiempo para que otros países de renombre, con mayores recursos reactivaran el deporte. Por supuesto que la FIFA también aportó lo suyo para colaborar y hacer que la vuelta no se dilatara más, poniéndolo en el mismo eslabón que la política y la salud respecto a importancia.

Algunas de las medidas implementadas fueron importantes y útiles. Otras no tanto y el resto dejaron mucho que desear. Por enumerar solo algunas, la prohibición del público a los estadios, la desinfección del balón, del banco de sustitutos y de todos los elementos utilizables. El distanciamiento entre suplentes y cuerpo técnico y el uso de barbijo obligatorio. Otras se basaron en aumentar la cantidad de cambios, que pasó de cinco en vez de tres, y algunas más polémicas como el hecho de no poder festejar el gol con los compañeros de equipo para evitar el contacto estrecho, cuando en un córner se provoca el amontonamiento de más de diez personas en un espacio reducido. O mismo la previa del partido, donde viajan en micro o comparten el vestuario, es decir, muchas personas juntas en espacios cerrados y probablemente sin la ventilación correspondiente.

Sin embargo, y a pesar de todos los grises, el fútbol había vuelto para quedarse. En algunas ligas, las normas impuestas se respetaron más y en otras menos, hasta que partido a partido se transformaron a piacere. Rápidamente volvieron los abrazos, los besos, los saludos y los festejos grupales. Se incrementó la cantidad de encuentros, de actividad física, de carga horaria para agilizar la finalización de los torneos pendientes y poder arrancar con los siguientes, como también creció el número de contagios y de muertes. Las entidades, autoridades y dirigentes dieron lo mejor de sí y se sobrepusieron a la adversidad (por decirlo de alguna manera) para no permitir que vuelva a frenarse. De hecho, si tras hisopar a los jugadores de un equipo, uno, varios o todos dieran positivo, el match no se postergaba sino más bien jugaban los inscriptos disponibles. Si el foco estuvo puesto o no en la salud, se puede discutir, pero no se puede obviar que otros aspectos menos importantes estuvieron a la misma altura. 

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Con el correr de los días, no solo finalizaron las ligas locales, sino que también se pusieron de acuerdo para culminar las competiciones europeas. Los esfuerzos y las burbujas sanitarias se vieron amenazados ante la impostergable decisión de FIFA y UEFA de trasladar más de veinte delegaciones a dos países (uno para la Uefa Champions League y otro para la Uefa Europa League), con la posibilidad de que una de ellas Podría traer consigo el virus e instalarlo nuevamente. Es decir, las medidas locales y la lucha para evitar la propagación se vieron afectados por la resolución rápida del fútbol. Y más allá de todos los protocolos supuestamente utilizados, es bien sabido que el Covid trasciende cualquier barrera ya que, para que quede claro, estamos en situación de pandemia.

Pero no todas las decisiones absurdas vinieron del viejo continente. Su par sudamericano, la CONMEBOL, imitó dichas acciones y rápidamente incentivó la continuidad de la Copa Libertadores 2020.  Nunca se sabrá si tuvieron en cuenta la experiencia europea, las peticiones de los especialistas y la adaptación de medidas preventivas. Solo hubo certeza de una única cosa, que el fútbol debía volver. Algunos antes y otros después, comenzaron a entrenarse con los protocolos conocidos hasta llegar a competir oficialmente tanto en la liga local como en los torneos internacionales. Hubo casos extremos en los cuales, si una cabeza consciente y sincera estuviese al mando, estos partidos no se hubiesen jugado. Uno de los ejemplos lo protagonizaron River Plate de Argentina y Athlético Paranaense de Brasil en la vuelta de los octavos de final. El club brasileño registró la baja de más de quince jugadores por Covid-19, (cifra récord hasta ese momento), haciéndolo competir igualmente y casi de manera amateur. El hecho resonante fue que el duelo no se suspendió ni por acciones de salud, ni por fair play, ni por solidaridad, ni por nada. Haciendo un paréntesis, esta decisión no sorprendió sabiendo quien toma la decisión, debido a los acontecimientos recientes provocados en el año 2018. Anecdóticamente el partido se jugó y el claro ganador fue el elenco argentino.

Pero la entidad sudamericana no discrimina. El mismo protagonista que indirectamente fue beneficiado anteriormente sufrió, una edición más tarde, el contagio masivo de casi todo su plantel profesional. Sumado al hecho de que no completó la lista de 50 jugadores permitidos, se presentó a jugar contra Independiente Santa Fe de Colombia de una manera inédita. Solo once jugadores, sin suplentes ni arquero y con Enzo Pérez lesionado, al arco. Nuevamente, sin sentido común, el partido no se postergó a pesar del pedido del “millonario” para preservar la salud de sus jugadores y miembros del club. Ahora bien, ante casos de extrema necesidad, donde se ratifica un match a pesar de las variadas imposibilidades, solo nos hace pensar que noches épicas como las vividas en Núñez se podrán repetir semanalmente. La táctica, la técnica y el posterior análisis ya quedaron viejos ya que hora se priorizar el “armar” y “jugar”. Lo que antes se esperaba como una noche gloriosa de Copa Libertadores por el buen nivel de los equipos que se enfrentaban, hoy parece ser más bien un programa de televisión donde se busca el morbo, la desventaja y el rating. Y aunque algunos piensen que River Plate incumplió con el reglamento por no completar la planilla y otros que la CONMEBOL aplicó el reglamento de manera correcta, lo cierto es que cada vez nos quedamos con menos argumentos para pensar en la suspensión del torneo.

A causa de los casos de coronavirus en River, Enzo Pérez tuvo que hacerse cargo del arco.
A causa de los casos de coronavirus en River, Enzo Pérez tuvo que hacerse cargo del arco.

Otro hecho lamentable que le corresponde al ente sudamericano en esta pandemia es la realización de la Copa América 2021. Ya postergada un año atrás por razones de fuerza mayor, tanto Colombia como Argentina albergarían el torneo más antiguo a nivel países. Por público conocimiento, los “cafeteros” se bajaron de la organización por el dificultoso problema social en el que viven y ante la negativa de reprogramación, la “albiceleste” quedó como único organizador. Sin embargo, y a pocos días de su comienzo, CONMEBOL dió marcha atrás con la localía única debido al caos sanitario que existe en nuestro país y decidió llevar el torneo a Brasil, de parecida situación. ¿Se imaginan una copa donde haya contagios masivos en una selección? ¿CONMEBOL permitirá reemplazar jugadores contagiados por otros u obligará a jugar a los equipos “con lo que tengan”? ¿Será una verdadera competencia o simplemente servirá para cumplir con el calendario y recaudar fondos? Brasil, hoy en día, ¿es capaz de semejante organización ante las recientes restricciones demandadas? ¿Es prioridad realizar un torneo de fútbol mientras no se puede vacunar a la totalidad de habitantes? Si bien se pretende frenar la propagación del virus, ¿es conveniente que diez naciones extranjeras ingresen al país más de cincuenta delegados?

Con un nuevo año transcurriendo, se descubrió que el Covid no solo no se controló y no frenó sino que terminó de expandirse con éxito, reproduciéndose en cepas aún más peligrosas y aumentando los números que duelen. Sin embargo, a pesar de la nueva y mortífera “segunda ola” el fútbol se mantiene de pie a pesar de que los especialistas recomienden parar. ¿Y por qué sucede esto si la toma de decisiones y medidas sanitarias obligan a cerrar negocios, disminuir la circulación, prohibir las reuniones multitudinarias y otras actividades y, uno de los hechos más importantes, cerrar las escuelas? Es decir, ¿Por qué se prohíben necesidades a priori más esenciales y la actividad futbolística no? ¿Por qué continúa activo si sus implicancias, movimientos y acciones pueden ser mucho peor que salir a caminar o trabajar con protocolos sanitarios y de distanciamiento? 

Quizá muchos lo sepan, quizá otros no quieran aceptarlo, pero lamentablemente y ya hace tiempo el fútbol se volvió un verdadero negocio. Dentro de una pandemia, nadie podría pensar en continuar jugando a la pelota habiendo escuelas cerradas y gente muriendo. Superó sin duda todos los límites y barreras. Pero como dice el famoso refrán, “por plata baila el mono” que traduciéndose podría significar algo así como “al fútbol lo mueve el dinero y no la pasión”. De todas formas, sería injusto centrarnos solo en Argentina, si es que el deporte sigue practicándose en todos los países, aunque, por supuesto, todos son diferentes. No todos cuentan con los mismos recursos, la misma educación, el mismo poder adquisitivo. No todas las medidas son lineales y afectan de la misma manera a los ciudadanos. Por tal motivo es que en algunas partes del planeta (concretamente en el sudoeste del mapa) se critica tanto que el fútbol siga activo como si fuese prioridad, por sobre otras cosas de mayor necesidad. Podrán afirmar que en algunos lugares será por cuestiones económicas y de patrocinio. En otros para que la gente se concentre y mantenga la mente ocupada en eso, mientras se toman medidas que afectan al día a día. Algunos podrán confirmar que no se frena debido a que el índice de contagios jugando al fútbol es inferior comparándose con otras actividades. También podrían decir que a partir de la vacunación los índices tenderán a bajar (aunque los futbolistas no sean considerados esenciales o de riesgo).

Lo único cierto es que el fútbol no continúa disputándose simplemente porque es hermoso y nos encanta. Alguna de las razones ya mencionadas debe adecuarse e incidir de forma tal que todo continúe como si nada. A pesar de la situación crítica en la que se vive, se ha inventado todo para que no cese. Ojalá pudieran poner un pequeño porcentaje de entusiasmo para ayudar a otros aspectos más importantes, ¿no? Y lo más grave, es que un simbólico minuto de silencio parece bastar y compensar todo lo que pasa en el mundo exterior, en el mundo del Covid, en el mundo real. De todo lo esperable ante una suspensión, sale una superposición. Es increíble como el fútbol puede lograr cosas que no logran ni los políticos, ni la sociedad, ni el sistema de salud, ni nadie. 

Protocolos, medidas sanitarias, paciencia, voluntad, fe, compromiso son los elementos para que el fútbol siga jugándose o eso es lo que nos quieren hacer creer. Lo mismo se podría aplicar en otra disciplina para mantenerla activa, aunque por las medidas y decisiones queda demostrado que ninguna tiene la misma magnitud. Por tal motivo, cuando comencé esta nota, no equivoqué el camino. El mundo no rodea al fútbol, ​​el fútbol rodea al mundo. El fútbol no se acopla al Covid , sino que el Covid se tiene que ajustar a las necesidades del fútbol. Y mientras tanto, en el mundo paralelo en el que vivimos, la situación parece extenderse un largo tiempo más. Pero ojo, lo que si nos pueden garantizar es el espectáculo deportivo, a pesar de que aún falten cosas mucho más importantes por garantizar.