El 4 de junio de 1946, Juan Domingo Perón asumió democráticamente la presidencia de Argentina con un proyecto de carácter nacionalista y plebeyo. Provenía originalmente de una corriente nacionalista de las Fuerzas Armadas que se proponía la restauración del “ser nacional”, y que mantenía una línea política antiimperialista, católica, criollista y anticomunista. Pero, a partir del 17 de octubre de 1945, quedó claro que la figura de Perón tenía un peso propio por el vínculo que había constituido con la clase obrera argentina: había nacido el Peronismo. Sin embargo, entre sus elementos constitutivos de este fenómeno único estaba la tradición del nacionalismo castrense que se proponía la construcción de una Argentina potencia.

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Este programa político había sido prefigurado por el gobierno de la Revolución de junio de 1943, pero se desarrolló plenamente a partir de la primera presidencia de Perón. Se expresaba en las nociones de independencia a la que los nuevos nacionalistas dotaron de connotaciones más amplias. Ya no se trataba de la independencia política formal, sino de la construcción de una independencia real que también se apoyara en la autarquía económica. Es por ello que se impulsó conscientemente la idea de industrializar a la Argentina y nacionalizar recursos y empresas estratégicas. La economía argentina se convertiría en una de las más pujantes de la región en cuanto a su complejo industrial, desarrollando una amplia industria de consumo, pero también una importante industria metalúrgica y de transportes, junto a la industria militar más avanzada de Latinoamérica. Pero entre todos estos proyectos, debemos destacar la idea de desarrollar la energía nuclear en Argentina. El primero intento se dio con el Proyecto Huemul en Bariloche. Esta isla fue la sede del primer proyecto de energía atómica la Argentina, aunque también de una de las mayores mayor estafas que se hizo al Estado en toda su historia. 

Vista de la isla Huemul. Foto: Alfredo Leiva.
Vista de la isla Huemul. Foto: Alfredo Leiva.

Tras la Segunda Guerra Mundial hubo numerosos científicos alemanes que llegaron a argentina. No se trataba de un fenómeno excepcional, sino que numerosos gobiernos occidentales promovieron la inmigración de técnicos y científicos para incentivar sus proyectos industriales y tecnológicos, como en el caso de Estados Unidos y la Unión Soviética, pero también Brasil y Chile, entre otros. Entre los científicos que llegaron hubo un personaje muy particular y que pasaría a la historia: el austríaco Ronald Richter.

A pesar de haber nacido en Austria, fue cercano al régimen del Tercer Reich y trabajó en los proyectos de energía nuclear de la Alemania Nazi. Fue Kurt Tank, un ingeniero de la Luftwaffe que se instaló en Argentina, quien lo recomendó a Perón para impulsar el proyecto atómico argentino. Richter afirmaba haber trabajado en el desarrollo de aviones que fueran impulsados por energía nuclear y aseguraba tener conocimientos de vanguardia en la energía nuclear.

Ronald Richter y Juan Domingo Perón.
Ronald Richter y Juan Domingo Perón.

Le propuso a Perón la idea de desarrollar una tecnología desconocida: una reacción termonuclear controlada para que funcionara como una fuente de energía inagotable y que colocaría a la Argentina la posibilidad en la vanguardia en la carrera atómica. La idea resultaba muy convincente y tentadora, por lo que Perón proveyó a Richter de todos los medios para emprender su trabajo en la Isla Huemul. Ahí tendría autoridad por decreto presidencial y un presupuesto de 15 millones de dólares (unos 300 millones de dólares ajustando a la actualidad).

Con esta planificación, nace en 1948 el Proyecto Huemul y desde 1949 Richter se instala en la Isla a trabajar en él. Tenía una mentalidad muy paranoica por lo que implantó rígidas medidas de control y seguridad para que nadie interrumpiera ni robara su trabajo. Dos años más tarde, Richter afirmó a Perón que su reactor nuclear funcionaba y Argentina estaba en condiciones de producir energía nuclear a una escala sin precedentes. El presidente vislumbró la importancia que la energía nuclear tendría para la industria argentina y que con este paso estaba a la altura de potencias como la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Perón hizo el anuncio a la prensa en 1951: Argentina ya estaba en condiciones de producir energía nuclear para uso doméstico y militar. Entre otras cosas, afirmo que sería posible comprar material nuclear en envases de litro y medio que estarían al alcance de toda la población. La noticia alcanzó notoriedad a nivel mundial y el New York Times publicó los rumores de que Argentina estaba dando un paso gigante en el desarrollo de la energía nuclear.

La publicación que hizo, años después, The New York Times.
La publicación que hizo, años después, The New York Times.

El proyecto atómico y nuclear de Perón era tan importante que la actual CNEA (Comisión Nacional De Energía Atómica) fue creada originalmente con el objetivo de respaldar al proyecto Huemul. Si el trabajo de Richter iba a convertir a Argentina en una potencia nuclear, necesitaba un apoyo a escala nacional. Pero cuando las noticias sobre el reactor de Richter se divulgaron, los miembros de la recientemente creada CNEA empezaron a cuestionar la viabilidad del proyecto

Una serie de científicos, entre ellos José Antonio Balseiro, plantearon teóricamente que era imposible que Richter hubiera desarrollado una fusión termonuclear controlada y terminaron conformando una comisión investigadora para inspeccionar la Isla Huemul. Esta comisión de la CNEA a cargo del doctor Balseiro tuvo que llegar a la Isla Huemul que estaba bajo autoridad de Ronald Richter e investigar qué estaba haciendo. Tras plantear teóricamente la imposibilidad de controlar la fusión nuclear, el equipo arribó a la isla para analizar todo el “trabajo” que Richter había llevado adelante y las máquinas que había construido asegurando que tenía un reactor nuclear funcional.

El resumen de su análisis se encuentra en el informe en dos partes sobre el Proyecto Huemul presentado por Balseiro. En la primera parte, se dedica al análisis de las características de la tecnología que exponía Richter, de los principios en los que se basaba y lo descarta teóricamente como algo imposible. Posteriormente, sostiene que no había ningún aparato entre los construidos por Richter que fuera capaz de generar una fusión nuclear. Una segunda parte del informe incluye un análisis de la persona del Dr. Richter. Balseiro aseguró que se trataba de un hombre con un nulo entendimiento de energía nuclear, con altas pretensiones de grandeza y un dudoso estado de salud mental.

El edificio construido para el falso reactor nuclear.  Foto: Alfredo Leiva.
El edificio construido para el falso reactor nuclear. Foto: Alfredo Leiva.

Fue un escándalo a nivel nacional. Richter había gastado una fortuna asegurando que había generado una fusión nuclear controlada y que podría comercializar la energía atómica en todo el país, pero ni siquiera había desarrollado un reactor funcional. Dilapidó el dinero y convirtió a la Isla Huemul en un dominio personal para sus propios delirios. Una intervención militar a la Isla Huemul se encargó de desmantelar las instalaciones. Y arrestar a Richter, que incluso fue declarado insano. Tras quedar libre en tiempos de la  Revolución Libertadora, se retiró a vivir de forma humilde en Monte Grande en el sur del conurbano bonaerense.

Hasta sus últimos días aseguraba que no entendían su teoría y que el secreto que él tenía para el desarrollo de la energía nuclear no estaba a la altura de sus contemporáneos. Sostenía que era un incomprendido y que en realidad él conocía la forma de dominar la fusión nuclear controlada, a pesar de que a más de 70 años del inicio del Proyecto Huemul aún se sigue estudiando para hacer viable esta tecnología.