Ahí, de fondo, salió el graffiti de una silueta y por lo primitivo de la democracia, lo presente de la dictadura, se vio también una alusión clara a los desaparecidos. Como las bicis en Rosario (en memoria del Pocho Lepratti) y todas las sombras más oscuras de la época, la música. 

Además del graffiti, como alusión a lo urbano, en el disco Clics modernos Charly usó un sample de James Brown y una caja de ritmos para la percusión de sus temas (la famosa 808). Tengamos presente que unos años antes, en el 77, había sido el gran apagón de Nueva York en el que más de un barrio sumó buenos equipos de sonido aprovechando los saqueos. Ahí dicen que empezó del todo el hip hop. Es decir, Charly y el hip-hop estaban a la vuelta del estudio. Así que con los dinosaurios, entre los clics modernos y las paredes pintadas, venía algo más. 

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El tipo que rajó corriendo de la colimba, que vendía la de loco, el hippie perseguido en las dictaduras, el una habitación en..., el que se fue del país (a Brasil, donde empezó a tomar forma Serú Girán). Ese referente iba a terminar en su única caricatura con talento. Una estrella de rock, un genio de lámpara antojadiza. Iba a aprender a vivir su lado salvaje siendo un genio popular, en libertad y demoledor (en eso los abrazos con Maradona tenían que ser todo un reconocimiento). 

Punto aparte: una pintada o graffiti memorable está llegando a la Plaza Martín Fierro, por la calle Cochabamba. A mano derecha un diablillo carnavalero, un hombre lobo, que agacha un poco la cabeza o más bien se inclina, se dobla (decir que los diablillos hacen reverencias puede sonar exagerado). Siempre me gustó ese gesto, esa cuadra cautiva, hincha de huracán.

Charly García, el genio con hambre de ciudad

Aquel graffiti del 83 llegó a ser el rockstar con las uñas pintadas que conocimos, faltaban un par de años, noches libres. En el 96 sale el disco (cd) Say No More. Ese Charly ya era graffiti, ese y todo su departamento de Palermo, las guitarras, los pianos, varios sets de televisión y algunas remeras. Sus manos, siempre sus manos a mitad de camino entre la pintura y las teclas. En la tapa de Say No More, en el 96, hubo otro cuerpo oscuro y las clásicas S-N-M superpuestas. Ya más de uno era super esos años. 

Charly García, el genio con hambre de ciudad

De Carlos a Charly (un apodo cipayito y clásico), en la Argentina del 83 modern clix dijo entonces el graffiti de la tapa del disco (samplers y etc.). Después de Clics modernos, y algunos discos más, su música iba a ser pequeños fragmentos de películas, frases en inglés, recortes beatles, música tántrica para noches largas y solas que siempre terminan encajando, como pintadas y pintadas en espacios de las mismas cuatro paredes (tal vez la mismas que le habían levantado y rasguñó). Esa es una posible definición del disco del 96, Say No More. Son clics, un collage de mil colores tenues, como si fueran mil historias en cada canción, pero con piano, desprolijidad y buenas guitarras eléctricas. 

A nivel musical, el Clics modernos del 83 tenía varios tonos, trapos y el bandoneón de Buenos Aires. Pasada la dictadura, siguió interpretando el tango nacional: rubias de New York, se ha abierto un piano bar (1984). Y las noches, las oscuridades iban a cambiar a su puro antojo. El 94 ya había sido lo suficientemente explícito para un genio (la hija de la lágrima es el disco de ese año). Desde ahí su antena va a ser una especie garage espacial con las cuatro paredes de lata pintadas. Lo-fi le dicen (low-fidelity, baja calidad).

“Aprendí a ser formal y cortés cortándome el pelo una vez por mes” (1973, Sui generis).

Se dice oscuro porque algún tema se llamó Cuchillos (un tema del 96), otro, en su versión Stone, dice “you are going to die” (Asesíname, 2002), kill my mother y varias cosas más. En esos años, un poco más cerca de ahora, dio vuelta el lema de los sesenta: “el amor te necesita” (Wonder, 2003...no “todo lo que necesitas es amor”). Esto también mezclado en contracultura eterna y estrella de rock. Así iba Charly, de las pequeñas anécdotas sobre las instituciones a saltar del noveno piso después de pensar en la policía.

“Y yo no tengo la culpa de que no hayas estudiado” (2000).

Le dijo a un policía que recién había entrado a su cuarto. Se dio media vuelta y se tiró. Esa imagen de que se tira del noveno piso, parece que lo encontró una noche complicada a media mañana en una especie de detención con olor a algo más en su hotel de gira. Porque en los hoteles la poli no toca timbre y tampoco revienta puertas. Entonces, después de discutir con la poli, les soltó esa frase y se tiró a la pileta.

En fin, algo para dejar entre estas notas es que del 94/96 al 2005 lo de Charly puede verse como algo completo, casi conceptual y documental. Por lo desfachatado sobre todo, más allá de la autodestrucción y su imagen. Siempre con el genio, aparece en Tango, o Película sordomuda. También hay mil un guiños más a los Beatles, presentes a cada paso, a los Stones, a sus propios clásicos del rock nacional y reversiones de temas recientes de disco a disco, o incluso en un mismo cd.

Gracias Charly, me acuerdo cuando me compré Rock and roll yo en la puerta de la facultad de Psicología, era trucho...casi punk. Un par de vueltos, unos alfajores que no desayunaba de recreo y ya estabas en mi casa con esas sirenas. Siempre serás el que escucha las sirenas de los años y hace música desde lo alto, en el medio de la ciudad, vos sos.