¿Cuántas veces nos han o nos hemos juzgado por estar cantando “se te ve la tanga” o frases similares? ¿Cuántas veces nos dijeron “yo cumbia no escucho porque no me banco la letra”? Desde hace 4 años que, como lesbianas músicas que somos, nos sumergimos en el mundo de la cumbia. En nuestra corta trayectoria recorrida hemos escuchado muchas veces la misma pregunta: ¿por qué hacen cumbia? ¿Cómo lidian con el machismo que caracteriza al género? ¿La intención es cambiar la connotación machista propia del género? Aparentemente, el machismo en la cumbia es una preocupación de todxs, pero extrañamente esta inquietud no se traslada al resto de los géneros musicales. El rock, el folclore, el tango, entre otros, parecen estar exentos de dar las explicaciones que nosotras, amantes y reivindicadoras de la cumbia, damos constantemente. ¿Por qué será que a este género en particular se lo señala con tanta efervescencia? ¿Son sus letras lo que molesta? ¿O en verdad se deja entrever una crítica clasista?

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Allá entre finales de los ‘90 y principios de los 2000, cuando nació la cumbia villera, la marginación social encontró su canal de expresión. En medio de tanta crisis, miseria y violencia, la cumbia logró llevar el mensaje de una realidad que parecía desbordarse por todos lados: lxs villerxs existen, la yuta es la enemiga y los chetos no son bienvenidos. Pero lo más importante, lo hizo desde la alegría y el goce que tanto la caracterizan. Y a partir de ese momento, el rechazo se hizo eco en las clases privilegiadas del país, que igual la bailaban y escuchaban, al tiempo que la menospreciaban y tildaban de burda y de mal gusto. ¿Acaso no es divertidamente hermoso contratar a Pablito Lescano para el cumple de quince en el barrio privado?

Es claro que el punto de debate está en otro lado. El machismo y la misoginia se encuentran en las letras de casi todos los géneros musicales, el factor común está en quiénes escriben esas canciones que son hombres hetero cis que durante años han ocupado casi con exclusividad la escena musical argentina.

Ningún género nace machista

El modo en que el patriarcado determina las posibilidades y los roles de las mujeres y disidencias en las distintas esferas de la vida social, se pone en evidencia si uno lee las estadísticas realizadas por el movimiento Ruidosxs. En el año 2017 la presencia de mujeres en los escenarios de festivales argentinos (tanto bandas solistas como bandas con al menos una mujer) fue del 13,2%, colocándonos como el país con la peor representación de mujeres artistas en el escenario de todo Latinoamérica. Como diría Adrianne Rich en su libro Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, la dominación masculina sobre las mujeres ha implicado también el desplazamiento de las mismas de la educación, pudiéndose aplicar esta ecuación a la educación musical. Resulta obvio, entonces, que la cumbia (al igual que otros géneros) haya reproducido durante todos estos años los estereotipos de la cultura patriarcal, cuando la participación de hombres, mujeres y disidencias en la misma es altamente desigual.

Recientemente en nuestro país hemos experimentado el surgimiento de distintos grupos musicales de mujeres y disidencias dispuestos a tomar los escenarios que pertenecieron históricamente a los hombres. Estos nuevos grupos pretenden cambiar la dinámica tradicional que sucede al interior de lo que se conoce como el mundo de la música, en el que predominan el machismo y la cosificación.  Así generan nuevos espacios y nuevas formas de hacer música, dejando al descubierto la necesidad de escenarios más igualitarios y más representativos de los géneros y las sexualidades.

Detrás de estos nuevos grupos que aparecen, hay ideologías feministas y militancias políticas conscientes de lo que significa disputar los espacios y derechos (que de por sí escasean) en la música. La lucha contra la reproducción de dinámicas patriarcales por parte de quienes integran estos espacios cuestionan la escena musical actual y dan voz a lxs que no son escuchadxs.

Las Kumbia Queers en concierto en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti
Las Kumbia Queers en concierto en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

Desafiando los conceptos que tantos años dominaron las temáticas de la cumbia, con letras y mensajes que hablen de homosexualidad, identidad de género, la desidealización del amor romántico, el lesbianismo y el patriarcado, se plantea un nuevo paradigma, donde abundan los cuestionamientos y se celebran las diferencias.

La música también se transforma y aparece diferente, contestataria y cada vez más feminista. La cumbia es símbolo de lucha, calle, agite, alegría y denuncia. Tildarla como el único género que reproduce la lógica patriarcal y así denigrarla es, entonces, una cuestión clasista.