Transitando la cuarta Revolución Industrial, la transformación digital de la justicia es un medio cuyo fin es el acceso de los ciudadanos a ella en forma rápida y efectiva. El descreimiento y la desconfianza de la sociedad toda en el Poder judicial, nos obliga a modificar –lo que sea necesario- para acercarnos a los ciudadanos y recuperar su confiabilidad en la judicatura. Así, con un análisis palmario, vemos que el sistema de justicia fue y es del siglo XVIII. La justicia que conocemos, se inventó, en una época en que las personas se enviaban correo a través de un caballo.

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Entonces, no cabe duda alguna, de que este sistema precámbrico, es como aquella ropa que ya no nos queda, y, la única opción es modificarla o tener una nueva. En el año 2021, en plena era digital, el sistema está obsoleto. Nuestra misión integrando el Poder Judicial es: redefinir la educación asumiendo que todo lo aprendido en la etapa universitaria tiene fecha de caducidad y es necesario aprender cosas nuevas continuamente. Siendo operadora jurídica la principal crítica (y autocrítica) sin dudas es lo tedioso y lento que resultan las causas judiciales. Y lo que más duele, la violencia de género a la que llegamos tarde.

Política Pública disruptiva en el Poder Judicial

La administración de justicia es un servicio y no un lugar meramente físico-estructural. He aquí el quid de la cuestión: la utilización de la inteligencia artificial en miras de ejecutar la auténtica justicia de Ulpiano: «dar a cada uno lo suyo».

La IA, al servicio del Poder Judicial, como estandarte de una revolución posible en poco tiempo y a bajo costo.

Entendiendo el efecto de la tecnología en nuestras vidas, partiendo de un problema más grande que enfrentamos, en el que los superiores jerárquicos –en una pirámide judicial- no entienden la tecnología y no saben exactamente sus efectos. El escenario optimista de la IA y su inclusión nos permitirá aprovechar sus beneficios dependiendo absolutamente de nosotros. En otras palabras, ¿queremos seguir foliando hojas llamándolas fojas, utilizar resmas de papel en «cuerpos» interminables, CDS para guardar documentación, personas agregando papeles de una «panera» y desarmando paquetes, expedientes que ya no entran en un tribunal? ¿Qué tal abandonar esa odisea por sistemas algorítmicos inteligentes?

La RAE define a la inteligencia artificial como disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico. Cuando nos referimos a la inteligencia artificial como tecnología, no como concepto, es seguro decir que se realiza mediante algoritmos computacionales, es decir, instrucciones escritas que debe seguir la computadora para que ejecute ciertos comandos. Sin embargo, estos algoritmos se realizan de forma diferente, de modo que las respuestas de la máquina son lo más similares posible a las respuestas del cerebro humano, es decir, menos lineal y constante. Por ejemplo, una computadora personal ha sido programada para responder, de manera lineal y constante, a ciertos comandos, como encender y apagar presionando un botón determinado. Pero eso no lo hace inteligente, simplemente obedece órdenes predeterminadas. Los programas realizados dentro de los parámetros de la inteligencia artificial utilizan algoritmos inteligentes, lo que permite que una máquina o herramienta sea capaz de interpretar datos y situaciones, respondiendo de manera diferente en cada caso, y aun así aprender de cada uno de ellos.

En el llamado mundo de la inteligencia artificial y la justicia, hay dos áreas principales: la automatización y la predicción. El desafío hoy es predecir. La automatización es técnicamente simple, pero aplicarla al Poder Judicial todo, es un escollo que debe ser superado. Cabe destacar una inteligencia artificial creada por el Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires - IALAB- junto a programadores del sector público argentino llamada Prometea. Los primeros usos fueron para juicios vinculados a derecho a la vivienda y derecho al trabajo. Hoy se está utilizando para explotación sexual infantil y ciertos problemas ambientales. En primer lugar, al diseñar e implementar el sistema, es necesario considerar la optimización de los servicios judiciales para agilizar exponencialmente los procedimientos en beneficio de los ciudadanos. Basado en diferentes niveles de innovación, su desarrollo constituye un avance tecnológico altamente disruptivo, y su implementación se fundamenta en la necesidad del país de brindar medios efectivos e innovadores adecuados para afectar a toda la sociedad. Juan Gustavo Corvalán, codirector de IALAB, explica que el laboratorio hizo dos sistemas predictivos, que es el Core de la vanguardia: uno para la justicia Civil de Morón (Buenos Aires) que predice si hay que rechazar o no la demanda de accidente de tránsito; y otro para Colombia, que lo que predice es si el caso merece o no tratamiento preferencial y hace un diagnóstico sobre la sentencia del caso.

No existe falacia tal como la creencia de que la innovación tecnológica es una especie de Skynet o un capítulo olvidado de una temporada de Black Mirror. Actualmente nos encontramos en algunos despachos del Poder Judicial –con pocas excepciones- con el negacionismo irracional fundado en el rechazo de la IA por el rechazo mismo, sin más que arraigarse a un sistema que posee más falencias que justicia y razón. Todos pensábamos que saber leer y escribir ya nos posicionaba como personas alfabetizadas. Sin embargo, ello ya se ha convertido en una condición necesaria, pero totalmente insuficiente. Hoy hay tres tipos de alfabetizaciones que tenemos que considerar: datos, tecnología y humana: todos nos tendremos que convertir en “long life learners”, aprendientes de por vida.

El cambio de paradigma disruptivo en el derecho 4.0 implica eliminar el típico "Word junto al copy paste” en denuncias o modelos instaurados del siglo XX. La transformación tecnológica del Poder Judicial es condición sine qua non para optimizar la justicia. No alcanza con la entrada y salida sistémica de jueces, fiscales y defensores, sino que, se reconviertan. ¿Qué sería la reconversión? Amigarse con la inteligencia artificial porque nos permite avanzar sobre las tareas rutinarias, mecánicas y repetitivas que es lo que nos dice la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Llegamos así, a la puesta en marcha de una Agenda de verdadera Transformación Digital basada en tecnologías emergentes que en nada se parece a lo que el operador jurídico en términos generales suele creer que es: “si ya tenemos firma digital, expediente electrónico –no en la provincia de Buenos Aires-, escáner y sacamos los máximos beneficios de ellos en la pandemia, ya nos transformamos” y la realidad es que ni siquiera empezó la transformación, simplemente es el preludio de la Justicia 4.0.

Hay que distinguir lo que es hacer digital de ser digital: contar con la mayor cantidad dispositivos no es ser digital. La mayor transformación en la justicia argentina se encuentra en la mentalidad –el llamado mainset digital- entendido como una manera de comprender el mundo mucho más dinámica, ágil, colaborativa y conectada. En otras palabras, los dispositivos cambian y probablemente caigan en desuso y nos parezcan piezas de museos (cualquier semejanza con la realidad -los expedientes físicos- es pura coincidencia). Tal como afirma Richard Susskind en su libro Tribunales online y la Justicia del futuro (2020) existen tres entornos principales de la resolución de conflictos basada en el estado: los juzgados físicos, las audiencias virtuales y los tribunales online. No obstante, es posible que no tardemos mucho en disponer de una gama de opciones mucho más amplia. En primer lugar, las audiencias virtuales serán cada vez más habituales a medida que saquemos partido de las próximas generaciones de «telepresencia». En segundo lugar, nuestra participación en las audiencias físicas y virtuales se verá optimizada gracias a la tecnología conocida como «realidad aumentada». En tercer lugar, a su debido tiempo, viviremos en un mundo donde los servicios judiciales se presten mediante cierto tipo de realidad virtual. Hablamos de solucionar conflictos de forma online.

Los más incrédulos dicen que una audiencia judicial por telepresencia no puede parecerse lo más mínimo a estar frente a frente en persona. Sin duda, esta respuesta tiene matices de rechazo irracional, porque pocos de los que opinan al respecto han experimentado en verdad esos sistemas. En realidad, el resultado es muy parecido a estar en la misma sala, y esa sensación irá a más a medida que surjan nuevas técnicas, como la telepresencia volumétrica holográfica tridimensional. La comparecencia en los tribunales mediante telepresencia holográfica podría llegar a ser una nueva realidad en los próximos años, aunque, por supuesto, una audiencia que use cualquier tipo de telepresencia será una audiencia sincrónica.

La incorporación del gobierno computarizado al sector justicia es lo que se ha conocido como e-justicia, concepto referido básicamente al uso de tecnología, particularmente de la Internet, como herramienta para lograr una mayor relación con el ciudadano, fomentar la participación ciudadana, eliminar barreras de acceso a la justicia, promover la transparencia y rendición de cuentas, lograr una mayor relación interinstitucional y en general brindar un servicio judicial más eficiente. De esta manera, las TIC progresivamente se están transformando en una herramienta estratégica que, adecuadamente utilizada, permite alcanzar múltiples objetivos de implementación de las reformas de manera eficaz y eficiente, ante la creciente necesidad de la ciudadanía por contar con información y acceso a la justicia de manera eficaz y oportuna, tal como lo aborda INECIP en su publicación Sistemas Judiciales: Una perspectiva integral sobre la administración de justicia.

¿Se imaginan una mesa de entradas completamente virtual y con un sistema de interfaz, que comprenda y responda? ¿un dictamen automatizado con un control ex-post del agente judicial? Sin duda alguna un sistema inteligente nos permitirá ocuparnos de lo verdaderamente importante, o ¿acaso estudiamos derecho para colocar fechas, sellos o copiar modelos del siglo XIX? Utilizando procesos automáticos, el juez y tiene mayor capacidad de análisis. En consecuencia, existiendo en el año 2021: robots, chatbots, cobots motorizados por la inteligencia artificial, Machine Learning y Design Learning debemos rediseñar más que el Poder Judicial, la forma de impartir justicia: la 4.0. Un movimiento de gran dimensión llamado Legaltech que incluye nanotecnología, robótica, impresión 3D, IA, computación cuántica. La «miopía tecnológica» entendida como la incapacidad general de las personas para anticipar e imaginar que los sistemas del mañana serán infinitamente más capaces que los actuales, deben sanar. En suma, cuando digitalicemos toda la justicia argentina, resultara suelo fértil para automatizar la justicia.

¿Los jueces serán reemplazados por robots?

He aquí donde surge el máximo interrogante ¿la informática me quitará el empleo? ¿los jueces serán reemplazados por robots? En principio no, tampoco hablo de una justicia “Terminator” o de algunos cuentos de Philip K. Dick -aunque esto no quiere decir que no debamos estar atentos a los desarrollos inminentes de la IA- Sí, hablamos de un sistema inteligente controlado por un ser humano. En otras palabras, una IA que realice un dictamen o sentencia controlado siempre por un ser humano. Las máquinas no sienten ni tienen empatía, por eso estudios recientes demostraron que no reemplazan competencias humanas, y surgen a partir de la IA, nuevos empleos tales como abogadas y abogados que entrenan sistemas inteligentes, abogadas y abogados que curan base de datos, abogadas y abogados que regulan máquinas inteligentes. Por consiguiente, en lo contextual -por ejemplo, a una persona discapacitada- se le da toda la empatía y humanidad que requiere por el juez, pero previamente automatizado por la IA, por ejemplo, colocar una fecha. En definitiva, utilizamos sistemas inteligentes, para procesar datos y realizar tareas burocráticas, para aquellos que no estudiamos la carrera de abogacía para colocar una fecha, dirección o cualquier tarea repetitiva o automatizada.

En conclusión, en la cuarta revolución industrial, las instituciones de justicia deben garantizar la inclusión de IA en interacción con la perspectiva de género en procura de una reforma donde la Justicia deje de actuar con la lógica del medioevo y empiece a funcionar con la dinámica de la optimización del hoy. Siempre fomentando, la contribución de su principal núcleo de actuación: la ciudadanía. Resulta necesario y factible citar a Hegel en el prólogo de su libro “Líneas Fundamentales de la Filosofía del derecho” en donde habla de La lechuza de Minerva y dice «el ave de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo» Es decir que, la fundamentación filosófica es posterior a los hechos que se suceden en la realidad, por ello sostiene también que “llega siempre demasiado tarde”. En esta lógica, los órganos de justicia deben hacer uso de todas las herramientas tecnológicas que se encuentren a su alcance para así no llegar tan retrasados a la revolución 4.0 y no ser como Minerva quien llega siempre demasiado tarde.