Un filósofo dijo alguna vez que como cuando leía sobre historia encontraba demasiada ficción decidió estudiar ficción -en su caso era el teatro- para comprender mejor la historia.  La idea de esta columna sería similar: parto de que el derecho está tan plagado de mitos y ficciones que resultará mejor cortar por lo sano y abordarlo a partir de las ficciones en general y de las series en particular.

Recibí nuestros artículos en tu email

Además, explorar la dupla derecho y series nos permitirá analizar las prácticas al interior de los sistemas de justicia desde una mirada diferente y nos ayudará - a quienes pertenecemos al campo jurídico y gozamos de un buen sentido del humor-; a reirnos un poco de nosotros mismos, observando como los y las artistas nos convierten en un guión.

Por otra parte, esta columna pondrá en evidencia lo limitado de los enfoques que reducen al derecho a un instrumento científico, mostrando que este está compuesto por un universo de símbolos, mitos, iconos y culturas que hacen posible que algo como lo jurídico o lo legal sea tolerable para los sujetos, escondiendo en cada caso su poder, su violencia o su capacidad de dominación.

¿Por qué series?

Creo que se trata de la continuidad o deriva de algo que hacen muy bien muchos y muchas juristas y literatos/as que trabajan sobre los vínculos entre literatura y derecho. Desde mi humilde aproximación, condicionada por el ritmo de vida moderno y una cierta dejadez para encarar obras de mil y pico páginas, la cronología de estudio sería: "la Biblia, las tragedias griegas, el teatro isabelino, Billie Budd de Melville, Dostoievski, Camus, Miller", "Better Call Saul""Suits", solo para dar algunos ejemplos. 

Lo que está claro es que en la literatura, en el cine o en las series, encontramos una fascinación por las formas dramáticas de la averiguación de la verdad a partir de procedimientos judiciales o policiales, por ese momento en que el hombre se encuentra frente a la ley para ser escudriñado hasta ser declarado culpable o inocente. Sobre eso voy a estar escribiendo en estos encuentros digitales.

En el mismo movimiento, y como un efecto colateral, apuntar a este tipo de cruce intentará atraer a la discusión a personas que no son ni abogados ni abogadas, apartando al derecho de la custodia exclusiva de los juristas y atravesándolo por la mirada de otras disciplinas.

Fargo como criminología crítica.

En este sentido, como para comenzar de una buena vez, podemos decir que la serie Fargo resulta ser un manual de criminología animado. En sus tres temporadas y con el tono macabro del humor negro, muestra todos -si, todos- los defectos que tienen nuestros sistemas de justicia y seguridad para alcanzar la verdad en los hechos delictivos y la relación entre el poder punitivo y la creación de subjetividad.  La selectividad de estereotipos por parte de las fuerzas de seguridad y la burocratización del funcionamiento policial, serán el insumo humorístico de la trama central de una serie de antología inspirada por la película del mismo nombre que filmaron los grosos de los hermanos Coen.

Con el fin de romper esa custodia permanente de los juristas sobre los temas legales, Fargo incorpora un recurso literario bastante ejecutado por las series de los últimos años. En las tres historias que presenta la saga, diferentes sujetos "normalizados" son enfrentados a la maquinaria policial: personas sencillas, con vidas tranquilas, se encuentran inmiscuidos en la maquinaria de los procesos de averiguación de verdad de las sociedades modernas. En todos los casos, lo que los lleva a colocarse en dicho lugar es un aspecto de su personalidad reprimido dentro de sus vidas rutinarias. Tales miserias, las vamos a ir descubriendo episodio a episodio mientras ocurren giros inesperados en la trama de una serie que incorpora muchos elementos de la novela policial.

Este recurso del tipo o tipa común traído al proceso penal,  es el mismo que utilizaron exitosas series como "Breaking Bad" y "Vis a Vis'' y el que aparece en clásicos literarios como "El proceso" de Kafka.  La ficción logra interpelar al espectador/a llevándolo a un mundo desconocido por él, el de lo jurídico por dentro, convirtiéndolo en el centro de la averiguación de la verdad, algo que por lo general le ocurre a un otro, a uno de los malos, sucios y feos.

Con una obvia similitud con Walter White, Lester Nygaard es un aburrido y fracasado vendedor de seguros que envidia la vida de su hermano menor, Edd y Peggy Blumquist, son una aburguesada pareja que vive la "american way of life" atravesada por el injusto reparto de los roles a partir del género y Emmit Stussi es un correcto empresario que amasó una fortuna a partir de gestionar estacionamientos urbanos luego de haber engañado a su hermano respecto de la distribución de la herencia de su padre. En los tres casos, estos personajes serán puestos a merced del sistema policial, momento en que revelarán la fragilidad de las subjetividades cuando se enfrentan a la ley, capaz de sacar atributos de su personalidad que ellos mismos desconocían.

Lester Nygaard y Lorne Malvo - Temporada 1
Lester Nygaard y Lorne Malvo - Temporada 1

El pasado es imprevisible

V. M Varga, el increíble "ciudadano del mundo", personaje que se recrea en la tercera temporada;   pone en boca de la sabiduría popular rusa una frase que resume la actividad de los investigadores penales. "El pasado es imprevisible", de alguna forma muestra lo endeble que resultan los procesos de veredicción o de averiguación de la verdad con los instrumentos sesgados con los que contamos. Para resumir una tarea que podría llevar bastante análisis, creo que hay cuatro críticas desde la criminología al sistema penal moderno.

➡ ️La limitación de las fuerzas de seguridad para detectar criminales atípicos, es decir aquéllos que no responde al estereotipo del "pibe chorro" y que constituyen el delito o la criminalidad organizada.

➡ ️ Policías y ladrones forman parte de un mismo entramado social complejo y resulta que a algunos les tocó usar el traje de "sheriff" y a otros cometer delitos. La serie es increíblemente clara mostrando el entrecruzamiento de capital social entre la criminalidad organizada y las fuerzas de seguridad que comparten comunidades, gustos y amistades.

➡ ️El movimiento del capital en las sociedades modernas hace imposible -o al menos muy difícil- diferenciar los negocios lícitos de los ilícitos, siendo que en muchos casos ambos tipos de emprendimientos se retroalimentan. Esto se ve claramente en la primera y en la tercera temporada. ¿Qué es Fargo? ¿Qué relación tiene con el Rey de los supermercados?  ¿Quién está detrás de la destrucción del rey de los estacionamientos?  ¿Qué tienen los camiones de Varga? ¿Quién era la jefa del inglés stalinista?

➡ ️ Se presenta una muy atinada satirización de la burocracia policial al tiempo de realizar una investigación. Papeles y trámites sin sentido sí, pero también la utilización de las fuerzas policiales para tareas que en nada tienen que ver con la investigación criminal.

Escondiendo al poder para hacerlo tolerable

Foucault explicó con claridad como lo que hacemos para averiguar la verdad está íntimamente vinculado con una relación promiscua entre el saber y el poder.  La serie juega con esta idea y en muchos de los capítulos cuesta encontrar personajes que expresen un ejercicio del poder soberano.  Como en un cuento de Kafka, el ejercicio de la autoridad parece estar diseminado en un conjunto de funcionarios sombríos y sin entusiasmo que cumplen rituales burocráticos. En una serie sin soberano, sin Leviatán, los policías parecen actuar por su cuenta, solo condicionados por su lugar en la cadena de mandos, el Poder Judicial está ausente y la única señal de gobierno central es un burócrata de lo que seria la "AFIP" yanki que a pesar de su metodismo es engañado fácilmente por un abogado liberal que funciona como su espejo.

El poder también se encuentra ilustrado de forma ficcional y estéril.  La segunda temporada está atravesada por la presencia de un joven Ronald Regan, pero el personaje está más asociado a su carácter de actor de películas de acción que al presidente número cuarenta de los Estados Unidos de América.  Lo interesante ocurre en el episodio número 5 en el cual Lou Solvenson, encargado de custodiar a Reagan mientras hace campaña para ser presidente, le consulta sobre la maldad del mundo y la posibilidad de que algo cambie y Reagan, primero responde con una anécdota que confunde su biografía personal con su filmografía y luego, ante la pregunta concreta, huye despavorido.  Nuevamente, el poder no sabe, el poder no está presente, salvo en una serie de formularios que deben llenarse en una alejada comisaría del norte de Estados Unidos.

La saga resulta entonces ser una parodia de una forma de dominación de las que habla Weber: la dominación burocrática. A través del tiempo el director nos muestra como aquella forma de poder se encuentra disputada por la racionalidad económica, un poder descomunal que asume distintos formatos a medida que pasa el tiempo o la historia.  Lo encontramos en la forma del clan familiar -temporada dos-, en la empresa local de capital nacional -temporada  uno- o en la mega empresa transnacional -temporada tres-.  En cualquiera de los casos, el poder resulta ser una tensión entre estas formas de dominación y el Estado es más bien un actor de reparto, como el Reagan de la serie.

El futuro es inevitable.

Frente a este escenario desalentador, la serie presenta un claro posicionamiento de salida colectiva con perspectiva de género. Rompiendo con una constante en las series del género policial, Fargo presenta a la inteligencia y la vocación como atributos casi exclusivamente femeninos, colocándolos en personajes que muestran altos niveles de sororidad o solidaridad con otras mujeres. Estos personajes femeninos,  son los que, tendiendo redes de articulación, devuelven de alguna manera cierta racionalidad al poder Estatal y a cierta sensación de justicia.

Molly Solverson - Temporada 2
Molly Solverson - Temporada 2

Así es el caso de Molly Solverson, una oficial de policía que aplicando inteligencia práctica resuelve el caso que introduce la primera temporada, y esto a pesar de dos grande obstáculos: la estupidez de su jefe y la falta de vocación de su pretendiente que también es policía, pero preferiría trabajar en el correo postal.

La segunda temporada nos muestra a la madre de Molly, con la misma capacidad analítica para resolver casos policiales, aunque, al igual que Solverson, le cuesta hacer valer sus posiciones en un mundo dominado por prácticas patriarcales.  También en dicha temporada, que transcurre en 1979,  se exhiben una serie de personajes femeninos que expresan el ascenso de un movimiento de mujeres que ya resultaría inevitable. Resulta destacable el papel de Floyd Gerhardt, matriarca de la familia criminal Gerhardt, de la ciudad de Fargo; quien se hace cargo del clan tras la invalidez de su esposo a pesar de que su primogénito intenta ocupar su lugar-  y la dueña de la peluquería que incita a la ingenua Peggy Blumquist a llevar adelante una vida profesional más allá de los deseos de su marido. En ambos personajes aparece la necesidad de apoyar y proteger a otras mujeres que se encuentran en situaciones de dominación masculina. El rol de estas tres interpretaciones es clave en la resolución de la temporada, pero no cuento más porque la idea es no "spoilear''.

Ya en la tercera temporada se puede notar que esta perspectiva de empoderamiento femenino no es una casualidad literaria sino que se trata de una clara búsqueda discursiva de Noah Hawley. Gloria Burgle, es todo lo que está bien en términos investigativos. Resuelve un caso complejo indagando su propia historia familiar, generando una alianza con otra mujer policía, junto a quien enfrentan el abuso de los colegas y el rol que el patriarcado les había asignado: ser una oficial de tránsito. 

La serie termina con un final abierto como este artículo. El futuro es inevitable y lo único que sabemos sobre él es que será una gran tensión entre formas de dominación al que debemos oponerle nuevas formas de resistencia. Fargo, sin lugar a dudas, expresa una de esas formas de desenmascarar al poder escondido detrás de la forma burocrática, patriarcal y económica de ejercer violencia simbólica y brinda una salida colectiva y  con perspectiva de género.

Tanto el derecho como las series generan guiones, roles y personajes. Siguiendo a Antoine Garapon, diremos que las series deben gozar de cierta inmunidad para crear mundos, mientras el derecho debe tratarse con cierto cuidado, sobre todo por su capacidad performativa. Por eso digo aquí para terminar: el derecho es una serie seria.